Lógicas concéntricas del engrudo subterráneo

El concepto de “culturas subterráneas”, categoría con la cual elegimos abordar las numerosas colecciones que componen nuestro acervo patrimonial, refiere a todos aquellos modos de producción cultural en lo que se crean saberes autónomos, se comparten creencias políticas de carácter radical y se ponen en circulación conductas críticas en manos de grupos sociales organizados que ponen en marcha lenguajes expresivos, propuestas artísticas y tecnologías de comunicación particulares en las que prima un principio ético de producción horizontal, autogestivo, accesible y distanciado de los patrones normados del comportamiento colectivo. Dicho concepto funciona no solo como una denominación descriptiva, sino como un supuesto epistemológico y político que recorre de manera transversal este proyecto de archivo, volviéndose determinante de sus principios de organización. Hablar de estos documentos, como parte de sistemas culturales de carácter subterráneo, nos permite ocuparnos de una amplia serie de experiencias culturales fuertemente marginales, minúsculas, periféricas, pero tambien asi críticas y desafiantes, que construyen sistemas propios de significación, modos de representación y espacios de sociabilidad multitudinarios desde los cuales producir formas de identificación, lenguajes de acción política y modos de vida alternativos, díscolos, incómodos e inconformes con su presente, aportando nuevas torsiones a las lenguas de la imaginación política.

Dado que uno de los intereses específicos de esta propuesta de archivo tiene que ver con la compleja tarea de revalorización histórica de la singularidad política de estos documentos, el abordaje que se propone de sus condiciones de inteligibilidad no se reduce meramente al resguardo o restauración de sus condiciones materiales. En su lugar se busca privilegiar una aproximación de carácter cultural, es decir, que busque reponer los sistemas de sociabilidad contracultural en los que provocaron sentido dichos artefactos gráficos en cuestión. Esa tarea implica reconceptualizar las funciones tradicionales de la práctica de archivo, produciendo formas de trabajo que puedan relacionar la tarea urgente por gestionar óptimas condiciones materiales que puedan garantizar la perdurabilidad de dichos documentos, como el desarrollo de nuevas tecnologías de historización que desde la incorporación crítica de la experiencia, la memoria viva y la historia oral, colaboren en la reposición y reactivación crítica de los sentidos movilizados históricamente por estas prácticas culturales.